• PAPA FRANCISCO ANIMA A COOPERAR ACTIVAMENTE CON LA MISIÓN DE LA IGLESIA


    "Sabed ser misioneros del Evangelio".
  • DELEGADO EPISCOPAL DE MISIONES DE TOLEDO DESTACA LA “ALEGRÍA DE DARSE” DE TODOS LOS MISIONEROS


    “¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!"
  • LA ARCHIDIÓCESIS DE TOLEDO CELEBRA “CON LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO” LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES


    “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”
  • #YoSoyDomund en la Archidiócesis de Toledo


    Comparte tu fotografía con la Delegación de Misiones
  • EN MORA CON EL DOMUND : ¡RENACE LA ALEGRÍA!


    Jornadas de actividad misionera con #Yosoydomund
  • CHRISTOPHER HARTLEY, NUEVA CARTA DESDE EL DESIERTO


    “Ese atardecer que perfora la mirada”

jueves, 23 de octubre de 2014

Papa Francisco anima a cooperar activamente con la misión de la Iglesia

"Sabed ser misioneros del Evangelio, ofreciendo vuestro apoyo concreto a cuantos se fatigan para llevarlo a quien todavía no lo conocen”.


Con estas palabras el Papa Francisco, ayer durante la audiencia general de los miércoles, hacía referencia de nuevo a la conciencia misionera con la que los cristianos deben vivir durante todo el año pero, sobre todo, en este mes de octubre, el mes de las misiones:

“El mes de octubre", señalaba el Papa, "nos invita a renovar nuestra cooperación activa con la misión de la Iglesia. Con las frescas energías de la juventud, con la fuerza de la oración y del sacrificio y con la potencialidad de la vida conyugal, sabed ser misioneros del Evangelio, ofreciendo vuestro apoyo concreto a cuantos se fatigan para llevarlo a quien todavía no lo conocen”.

En su catequesis sobre la Iglesia como el Cuerpo de Cristo, el Santo Padre recordó que "el auténtico amor sufre con los últimos y necesitados, y valora y reconoce a quienes hacen los servicios más humildes y escondidos"

También el Papa Francisco en el ángelus del domingo 22 de octubre, día del Domund, recordaba tras la beatificación del Pablo VI la faceta misionera del nuevo beato, al recordar que había “sido un denodado defensor de la misión ad gentes”, y resaltar la importancia “del Pontificado de Pablo VI precisamente hoy – era el día del DOMUND - que se celebra la Jornada Misionera Mundial”.

Texto íntegro de la catequesis:

Padre Luis Pérez: «Los esfuerzos del gobierno contra el ébola no llegan a todos en Sierra Leona»

El misionero toledano de la Orden javeriana Luis Pérez cuenta, en su segunda cartga, a los lectores de ABC Toledo de qué forma religiosos y sacerdotes de la diócesis de Makeni se reorganizan contra el ébola ante la falta de ayuda a los enfermos


Ante el cariz que ha tomado la extensión del virus del ébola en nuestro distrito (Bombali) y en nuestra ciudad y diócesis (Makeni); constatando que los esfuerzos que está haciendo el gobierno no llegan a todos e impulsados por el deseo de compartir como hermanos, de ser solidarios y de colaborar a afrontar esta pandemia que hace sufrir y perder la vida a tantas personas, las parroquias de Makeni se han movilizado y organizado.

El administrador apostólico de la Diócesis (estamos esperando el nombramiento de un obispo) ha convocado, varias veces, a los sacerdotes y religiosos para organizar, de alguna manera, una cierta atención a los afectados por el ébola y sus familias en los diversos territorios parroquiales, sean éstos católicos, protestantes, musulmanes o de otras confesiones religiosas.

Aquí las parroquias son extensas y los católicos están diseminados en el territorio (ciudad y aldeas en la nuestra). Es por ello por lo que cuando se da un caso de «posible afectado-a», los mismos feligreses informan a la parroquia.

Conocida la situación, la comunidad se moviliza: alguno o varios sacerdotes, con algún laico, visitan a las personas y lugares señalados como afectados. Una veces las autoridades sanitarias ya han ido allí, en muchas ocasiones todavía no han aparecido. En esta primera visita, por lo tanto, la situación que encuentra el «equipo parroquial» es variada: casos ya identificados, otros esperando los resultados de los análisis; casas auto-asisladas a la espera de verificación, casas aisladas por las autoridades y vigiladas por el Ejército, para que nadie salga ni entre de la casa y el recinto que la rodea; casas donde hay algún enfermo de ébola dentro, casas donde ya ha muerto alguna o varias personas como consecuencia del virus.

Sea como fuere, el «equipo se presenta» como miembros de la parroquia que han querido visitarles para expresar su pesar y ofrecer su cercanía y colaboraciónen esos momentos difíciles y para ayudarles a la supervivencia en los 21 días que tienen que estar aislados.

El encuentro y la conversación se realiza a una prudente distancia, siempre hay que evitar el contacto. Los afectados expresan sus necesidades, sus temores y explican la situación de los que viven en esa casa o casas, si han sido visitados por algún sanitario, si han recibido alguna ayuda…La parroquia les ofrece su cercanía, seguimiento y colaboración (apoyando a la ayuda del gobierno) mientras duren los días de aislamiento. Son encuentros cargados de sentimientos de incertidumbre de pesar y de esperanza; de incertidumbre y pesar ya que todos, tanto los que allí como los que visitan, saben que es un momento difícil, sin final conocido, que se hará largo en el ánimo y en el corazón de los afectados; de esperanza porque la vida siempre «quiere vencer» y porque todos los que allí están harán lo posible para que así sea; los resultados se verán, no dependen ni de ellos ni de nosotros; lo que sí depende es cómo se afronta la situación y, en todo caso, siempre es positivo y da esperanza el afrontarla juntos, tratando de hacerse cargo los unos de los otros.

Los afectados unos son católicos, otros protestantes, otros musulmanes.., todo encuentro-visita termina con una oración a Dios Padre, que nos ama y en el que se pone la esperanza; todos se recogen y rezan: afectados, visitantes, vecinos, policías, soldados…

La siguiente visita tendrá el mismo objetivo: confortar y hacer sentir la cercanía de la comunidad cristiana a las personas afectadas. A ello se unirá la distribución de alimentos, para ayudar a sobrevivir en esos días de aislamiento, que la comunidad cristiana, en las colectas parroquiales, ha aportado para compartir y los comprados con aportaciones que llegan a la parroquia, tanto desde aquí, como desde el exterior.

Son «granos» de arena que cimentan la fraternidad, alientan el deseo de vivir y cooperan, modestamente, a paliar un poco el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas.

Muchos saludos y hasta la semana que viene.


P. Luis Pérez Hernández s.x.

Misionero Javeriano en Sierra Leona

martes, 21 de octubre de 2014

Padre Luis Pérez nos comparte cómo vive el DOMUND en Sierra Leona

Con motivo del Domund "Renace la alegría" nos encontramos en ABC Toledo con esta carta del Misionero Javeriano, Luis Pérez Hernández, uno de los misioneros españoles que se encuentran en Sierra Leona. Luis nos cuenta como no solo "renace la alegría" sino que permanece en medio de la realidad tan adversa y destructiva que están viviendo con el virus del ébola.


"Este domingo 19 de octubre también celebramos el Domund en nuestra Parroquia de San Guido María Conforti de Makeni, en Sierra Leona, como se celebra en todo el mundo, para eso es el «La jornada Mundial para la Evangelización». Cuando yo era pequeño pensaba que, en las «Misiones», la gente celebraba el Domund por lo que de esta jornada recibía: ayuda para la vida de las comunidades cristianas.Todo el mundo se acordaba de «las misiones»:unos daban y otros recibían. (Tal vez todavía hay gente que piensa así…no creo ¿verdad?)

Pasando los años, durante mi formación misionera, me enteré de que no era así; en los años que he trabajado en Sierra Leona he visto que no es así: Las comunidades cristianas y parroquias colaboran económicamente, con la oración y con el envío de misioneros a otros países. Y esto lo hacen por la sencilla y profunda razón de que el haber descubierto a Cristo, a través de la misión, ha cambiado y dado un nuevo sentido a sus vidas, les ha aportado el saberse amados por Dios, el vivir la fraternidad como hermanos-as; la alegría de que, a pesar de los pesares, Dios está con nosotros, nos libera del mal, nos da la fuerza y la esperanza de crecer como personas «humanas», en comunión cordial y responsable con los demás.

«Renace la alegría» es el lema de este año. Un lema que, aparentemente, choca con la realidad que está viviendo el pueblo de Sierra Leona. ¿No hay que tener mucha «cara» para hablar de alegría cuando el ébola siembra el país de miles de afectados y muertos, cuando destruye familias, arrasa la economía, aísla el país, destruye mucho de lo construido después de la guerra civil de hace unos años…? ¿No hay que tener mucha «cara» para destinar la colecta del domingo, en esta situación, en vez de a ayudar a los afectados del ébola, a la labor misionera de la Iglesia…?

¡Pues no! los feligreses contribuyen con gusto y hasta con más generosidad, convencidos de que haber encontrado a Cristo es lo mejor que les ha pasado en sus vidas, alegres por poder colaborar a que otros lo encuentren, sabedores de que si el mundo viviera -con fe o sin ella- los VALORES de Jesús este mundo sería diferente y las calamidades, como el ébola que arrasa el país, se afrontarían con más solidaridad, justicia y celeridad…

«Renace la alegría«, un lema sugestivo; «Con Cristo la alegría nace y renace», yo, «sin pretensiones» añadiría: PERMANECE, este pueblo y estas comunidades, a pesar de la realidad adversa y destructiva, y nosotros con ellas, no hemos perdido la alegría de ser lo que somos, de afrontar el sufrimiento haciéndonos cargo los unos de los otros. Sí, es verdad, es una alegría un poco «empañada», una alegría que esperamos que crezca y se «desempañe» con la colaboración de todos, aquí y allí, para hacer un mundo más fraterno, justo, solidario, más digno, más vivible…Aquí, como siempre, no sólo hay pobreza y sufrimiento, también hay vida y alegría.

Muchos saludos y hasta la semana que viene".

P. Luis Pérez Hernández s.x.
Misionero Javeriano en Sierra Leona

RENACE LA ALEGRIA. #YOSOYDOMUND, por Javier Salazar Sanchis

En la segunda lectura del pasado Domingo escuchábamos el inicio de una carta de san Pablo. Es suficiente para darse cuenta de que, en los textos del Apóstol, todo rezuma amor a Dios. San Pablo escribe siempre desde Dios, por eso inicia sus epístolas deseando la gracia y la paz de Dios. El Apóstol entiende la absoluta primacía de Dios en nuestra vida y que sin la ayuda divina no podemos nada. Lo que el Espíritu Santo construye en el corazón del hombre es la paz y la paz es la consumación de la acción de Dios en nosotros. Por eso, para san Pablo todo parte y se consuma en Dios. San Pablo en seguida da gracias a Dios. Es también algo frecuente en sus cartas. No sólo habla de Dios sino que es capaz de reconocer la acción de Dios en los demás. Aquí tenemos una enseñanza muy interesante y oportuna, porque a veces nos convertimos en especialistas teóricos de las cosas divinas pero absolutamente incapaces de descubrir las maravillas que Dios obra en las personas. San Pablo reconoce la acción de Dios en la Iglesia de Tesalónica y da gracias. En su acción de gracias subraya dos aspectos: la fe y el amor. De alguna manera san Pablo viene a decir en la carta que se mantienen en la fe porque su amor es verdadero. Por eso son capaces de resistir en medio de la tribulación. En la descripción que hace de cómo se aman: “de cada uno por todos y de todos por cada uno”, se nota que el Apóstol apunta a un amor en Jesucristo.

Esta actitud de san Pablo me estremece porque está en las antípodas de comportamientos demasiado frecuentes en nuestro tiempo. Competimos por ser considerados los primeros y desconocemos la santidad oculta que Dios hace florecer en tantas partes. Para nosotros es una invitación a querer a todos aquellos que forman parte de la comunidad concreta en que vivimos nuestra fe. Sin caer en ningún sentimentalismo, que no deja de ser algo pernicioso, podemos reflexionar sobre el interés concreto que tienen para nosotros los católicos con los que, habitualmente, celebramos nuestra fe. Porque, de hecho, muchas veces nuestra perseverancia se sostiene en el testimonio y la cercanía de otros fieles.

Celebrábamos el Domingo Mundial de la Propagación de la Fe, el Domund. La transmisión de la fe se hace a cada persona, aunque se pueda y se deba organizar cosas en grupos. El contrastar la fe con otros nos enriquece y ayuda, pero la vivencia de la fe es personal. Mantener la confesión de la fe es un don que debemos pedir cada día al Señor. Nadie puede vivir mi vida cristiana por mí.

Los misioneros se acercan a las personas, una a una, y van formando comunidades de creyentes. Y cada comunidad está formada por personas. No me imagino a un misionero poniendo un cartel en un pueblo del centro de África que diga: “Cuando haya setenta personas interesadas en seguir a Cristo, llamen al teléfono tal y tal”. Van conociendo a uno, luego a otro, después a otro. Y los que confiesan la fe tienen la alegría de reunirse con otros que también quieren seguir a Cristo.

No olvidemos nuestra labor misionera. Tal vez no viajemos a China, ni tal vez salgamos de nuestro pueblo, pero ese hijo tuyo que se está distanciando de Cristo, ese vecino, aquel amigo, tu esposo o tu esposa…, esos son el pueblo al que Dios te envía y al que tienes que anunciar que han sido justificados en Cristo pues “cargó con los crímenes de ellos”. “El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.”
Hoy tenemos que preguntarnos si nos interesa que los demás conozcan a Jesucristo, reciban el don de la fe o nos basta con salvarnos nosotros mismos; si realmente valoramos el don de la fe y no solamente para nosotros, sino para cualquier hombre o mujer de cualquier lugar, raza o condición. Si sólo nos preocupa nuestra salvación vamos por mal camino, “porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. No podemos pasarnos la vida discutiendo si somos más o menos importantes, si lo nuestro es mejor camino para ser santos que lo del vecino, que si tú o yo vamos a sentarnos más cerca del Señor en el cielo. Voy a decir una burrada, ¿De qué valdría nuestra salvación si nos salvamos solos.? Tenemos que tener ansia de que mucha gente conozca el Evangelio. Que lo conozcan en nuestra familia, entre nuestros amigos, entre los conocidos e incluso hasta nuestro párroco. Y esa expansión del corazón hace que deseemos también que se conozca a Cristo en todos los rincones de nuestra tierra. Seguramente nosotros no tendremos posibilidades o vocación de irnos a predicar el Evangelio a rincones lejanos, pero podemos apoyar a los misioneros con nuestra oración, con nuestra aportación, con nuestra cercanía de hermanos por llevar a cabo la misma tarea.

Que nuestra madre la Virgen bendiga a todos y cada uno de los misioneros y misioneras que van anunciando la fe por tantos lugares del mundo. Le pedimos hoy a la Virgen María, madre de las misiones, que cuide y proteja a todos, que fomente muchas llamadas a ser misioneros o misioneras y a nosotros nos de esa auténtica preocupación por extender el Evangelio a todos los rincones del mundo.
Padre Javier Salazar Sanchis
Miembro del Consejo Diocesano de Misiones de Toledo

lunes, 20 de octubre de 2014

DOMUND: "La alegría de ser misionero (II)" por el Arzobispo de Toledo


“Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo”. Con esta afirmación tan rotunda el Papa Francisco comienza su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones. Nos dice, pues que es urgente la misión o las misiones; pero no está sólo pensando en esas personas excepcionales que son los misioneros, sino en todos los que formamos la Iglesia. Ahora bien, el Papa quiere que esta Jornada sea celebración de gracia y de alegría. Es lógico, pues se trata de vivir nuestro ser de cristiano: ser apóstol, hablar de Jesucristo como lo más grande que nos ha ocurrido en la vida. Es la alegría que Jesucristo nos anuncia: “¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron” (Lc. 10,23-24).
La misión de anunciar, a los ojos de Jesús, es la alegría. ¿No habéis experimentado esta experiencia gozosa? Os faltaría algo crucial. Es una alegría diferente y superior a la que aquellos discípulos primeros de Jesús habían experimentado antes de ser enviados por Él. No es la alegría de tener poder o dinero: es experimentar el amor de Dios hacia todos, hacia los más pobres; y algunos son tan pobres que sólo tienen dinero o éxito aparente, o un nivel de vida, que pensamos que no se acabará nunca. Jesús, nos dice el evangelista, “se llenó de alegría en el Espíritu Santo”. Es que esta alegría muchas veces está escondida a los sabios y entendidos, a los que están demasiado llenos de sí mismos. “Sí, Padre, así te ha parecido bien” (Lc. 10,21).
 
Se trata, en realidad de Buena Nueva que conduce a la salvación; la que experimentó María al llevar a Jesús en su vientre; la que sintió también al visitar a Isabel. Claro, hermanos, “El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo, su manifestación, y el Espíritu Santo, su animador”, nos dice el Papa, que también había dicho: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (La alegría del Evangelio, 1).
 
Sin experimentar la alegría de encontrarse con Jesucristo, enriqueciéndonos Él con su persona, yo pienso que no es posible ni la renovación que buscamos en la Iglesia, en las parroquias para salir a ofrecer el Evangelio, ni vibrar con Jesús a acercarse a los más pobres: nos quedamos parados, haciendo lo de siempre, rodeados de incapacidad y de infecundidad. “¿Por qué no entramos también nosotros en este río de alegría de Jesús?”, se pregunta el Papa. “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada” (La alegría del Evangelio, 2).
 
Es muy seria esta advertencia del Santo Padre, ya que afecta a conseguir la felicidad o no, a la orientación de nuestra vida, a tener lleno o vacío el corazón. Los discípulos de Jesús somos aquellos que nos dejamos llenar del amor de Cristo y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. La alegría de comunicar a Jesucristo se convierte así en una preocupación por anunciarlo en las periferias lejanas y cercanas, la de nuestro territorio, donde también hay pobres que esperan, o la de territorios lejanos.
 
Pero no olvidemos que la alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres. Si no hay vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, es porque no hay tampoco fieles laicos con un fervor apostólico contagioso, por lo que les falta entusiasmo y no despiertan ningún atractivo. “¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!”, grita el Papa (La alegría del Evangelio, 83). Tal vez es que hemos olvidado en la práctica lo que dice san Pablo: ”Dios ama al que da con alegría” (2 Cor. 9,7).


X Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo
Primado de España