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lunes, 25 de julio de 2016

Misiones Toledo fomenta la acogida y el acompañamiento de misioneros en Toledo


  • En el marco de la colaboración de la Delegación Diocesana de Misiones de Toledo, Fernando Redondo Benito ofrecerá el próximo mes de octubre la Conferencia Inaugural del Curso Académico 2016 / 2017 del Instituto Teológico “San Pablo Apóstol”, en Loeches, afiliado a la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma
  • Los misioneros se han adentrado en las raíces misioneras de Toledo y en la Historia de la Iglesia, visitando la Catedral y diferentes monumentos de Toledo Monumental
  • El grupo está compuesto por misioneros y misioneras jóvenes provenientes de diferentes países, como México, Costa Rica, Camerún, Portugal y España
Un año más misioneros y misioneras de la Fraternidad Misionera Verbum Dei han visitado Toledo, dentro del fomento de la acogida y el acompañamiento de misioneros que desarrolla la Delegación Diocesana de Misiones de Toledo y la Dirección Diocesana de Obras Misionales Pontificias. Grupo de misioneros que estaba encabezado por el misionero David Rolo FMVD, natural de Toledo.

La visita toledana ya se incluye, por segundo año, en la época en lo que estos misioneros se encuentran, por estudios, en el Centro Misionero que Verbum Dei posee en la localidad madrileña de Loeches. En esta ocasión han sido misioneros llegados de Camerún, México, Costa Rica, Portugal y España los que han conocido Toledo, adentrándose en las raíces misioneras de Toledo y en la Historia de la Iglesia, visitando la Catedral y diferentes monumentos de Toledo Monumental, estando acompañados, en nombre de la Delegación Diocesana de Misiones, por Fernando Redondo Benito.

Precisamente en el marco de la colaboración de la Delegación Diocesana de Misiones de Toledo, Fernando Redondo ofrecerá el próximo mes de octubre la Conferencia Inaugural del Curso Académico 2016 / 2017 del Instituto Teológico “San Pablo Apóstol”, en Loeches, afiliado a la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma.

El recorrido por Toledo culminaba con la celebración de una Eucaristía misionera en la Parroquia de Santa María de Benquerencia, en la que David Rolo FMVD recordaba que “nosotros como misioneros dependemos de vuestra oración”, pidiendo la oración constante por el trabajo de todos los misioneros en España y en todos y cada uno de los países del mundo.

La Fraternidad Misionera Verbum Dei es una realidad de la Iglesia Católica al servicio de la Palabra de Dios, a la cual pertenecen todos los fieles que comparten la misma espiritualidad y misión "Verbum Dei". Su identidad queda expresada en su mismo nombre: ser "familia", profundamente "misionera", al servicio del anuncio de la "Palabra de Dios". Reúne en su seno personas o grupos de todo estado de vida, edad, cultura y condición social unidos en la misma vocación a ser "Verbum Dei", es decir, reproducir y revelar el rostro de Dios Uno y Trino de forma vivencial, identificándose personal y comunitariamente lo más posible con Jesús, el Verbo de Dios hecho carne.

Desde la Delegación Diocesana de Misiones han querido agradecer nuevamente a David Rolo FMVD su compromiso misionero, además de reconocer el trabajo y el cuidado pastoral que la Fraternidad Misionera Verbum Dei desarrolla en todo el mundo y también en la Archidiócesis de Toledo, con el grupo misionero Verbum Dei de Toledo y diferentes acciones pastorales de acompañamiento.

viernes, 22 de julio de 2016

Revista Misioneros de verano



El decimocuarto viaje internacional del pontificado ha conducido al papa Francisco al Cáucaso, concretamente a Armenia, “la primera nación cristiana”. A este asunto dedica sus páginas centrales la revista Misioneros de verano. En las pocas más de 50 horas que ha durado la visita –la primera etapa de un periplo que a finales de septiembre le llevará también a los países vecinos de Georgia y Azerbaiyán-, Francisco ha ofrecido un sentido tributo a las víctimas del que fue el primer genocidio del siglo XX y que se cobró la vida de entre 1,2 y 1,5 millones de personas de esta nación. “Rindo homenaje –dijo el Papa- al pueblo armenio, que, iluminado por la luz del Evangelio, incluso en los momentos más trágicos de su historia, siempre ha encontrado en la cruz y la resurrección de Cristo la fuerza para levantarse de nuevo y reemprender el camino con dignidad”. Durante la estancia, el Santo Padre también ha tenido la oportunidad de estrechar lazos con la Iglesia apostólica armenia, a la que pertenece el 95% de los tres millones de habitantes del país.


Perú y las elecciones que el pasado 5 de junio han tenido lugar en el país andino son el tema que la revista Misioneros aborda en el reportaje de su sección “Primer Plano”. Unos comicios que han sido los más reñidos de cuantos ha vivido la nación en toda su historia. 42.597 papeletas, de un total de 17,1 millones, son las que han dado la victoria a Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos por el Kambio, PKK) sobre Keiko Fujimori (Fuerza Popular). El nuevo presidente tiene de peruano lo justo. De hecho, es considerado un “gringo simpático” por gran parte de la población. La corrupción y la inseguridad serán los dos grandes retos a afrontar por Kuczynski.


La sección “Iglesia a fondo” de Misioneros está dedicada a la Pontificia Unión Misional (PUM); la más joven de las Obras Misionales que, sin embargo, celebrará el 31 de octubre de este 2016 su más redondo cumpleaños, su primer siglo: ¡100 años de vida! Hoy, la PUM, que surgió para animar a los animadores, para ser el despertador de la conciencia misionera, continúa realizando un esfuerzo constante de sensibilización entre los sacerdotes, religiosos, religiosas y animadores de las comunidades cristianas, para que el ideal misionero se traduzca en formas adecuadas de pastoral y catequesis.

La revista Misioneros completa su oferta informativa con una interesante entrevista a un misionero en China o el testimonio del primer sacerdote nativo de Mongolia. Sin olvidar sus habituales secciones de “Cultura”, “Carismas Misioneros”, “Tribuna”, “Editorial”…



lunes, 18 de julio de 2016

#VeranoMisión, formación misionera al servicio de la animación misionera en la Archidiócesis de Toledo

Por cuarto año consecutivo la Delegación Diocesana de Misiones de Toledo participa en el Curso de Verano de la Cátedra de Misionología de la Universidad San Dámaso


La formación misionera ha estado organizada en Segovia por la Cátedra de Misionología, integrada por la Universidad San Dámaso, las Obras Misionales Pontificias y Manos Unidas.

#VeranoMisión, programa que en la Archidiócesis de Toledo fomenta la participación en acciones formativas misioneras y en experiencias misioneras, prosigue su marcha, dinamizado por la Delegación Diocesana de Misiones de Toledo y la Dirección Diocesana de Obras Misionales Pontificias.

Fomentando y promoviendo la formación misionera, que se pone a disposición del servicio de la animación misionera en la Archidiócesis de Toledo, la Delegación Diocesana de Misiones de Toledo ha participado, por cuarto año consecutivo, en el Curso de Verano de la Cátedra de Misionología de la Universidad de San Dámaso, organizado en Segovia por la Cátedra de Misionología, con el respaldo de las Obras Misionales Pontificias y Manos Unidas.


Los alumnos participantes han ahondado en la teología de la misión, profundizando en algunos retos actuales de la evangelización, reflexionando e intercambiando experiencias sobre la animación y la cooperación misionera, además de participar en unas jornadas de convivencia misionera.

En este encuentro académico los alumnos se han acercado a la antropología y la misión, asignatura impartida por José Antúnez; a la misión como anuncio salvífico del Evangelio, que desarrolló el profesor Miguel Ángel Medina; al testimonio y misión, en una reflexión académica del profesor Juan Carlos Carvajal Blanco; y a la misión ad gentes en el continente europeo, que, impartida por Anastasio Gil García, Director Nacional de Obras Misionales Pontificas en España, sirvió para inaugurar estas jornadas formativas. También contaron los participantes con un taller misionero impartido por Juan Martínez, en el que trabajaron los materiales y el lema del próximo Domund 2016.


La Delegación Diocesana de Misiones de Toledo es consciente de apoyar y respaldar estas iniciativas formativas, que promueve OMP España, porque suponen una “extraordinaria herramienta para proponer y desarrollar nuevas dinámicas misioneras en el ámbito del plan pastoral diocesano de nuestra Archidiócesis”, como remarca el Delegado Diocesano de Misiones, Jesús López Muñoz.

Desde Toledo siempre se fomenta la participación de los voluntarios, colaboradores y amigos de la misión en las acciones formativas que durante todo el curso se impulsan desde Obras Misionales Pontificias, conscientes del trabajo en red y la cooperación misionera, también en la formación misionera.

En la página web de Misiones Toledo, www.misionestoledo.org, están a disposición de todas las personas interesadas las convocatorias formativas sobre misionología y animación misionera, animando a la participación y en estos momentos a la preparación del próximo curso pastoral.


viernes, 15 de julio de 2016

Intención Misionera para julio del Papa

"Que la Iglesia de América Latina y el Caribe, a través de la misión continental, anuncie con ímpetu y entusiasmo renovado el Evangelio". Es la intención misionera que propone el Papa Francisco para este mes de julio.


En la misa de canonización del beato Junípero Serra, en Washington, el Papa Francisco en su homilía recordaba a este ejemplo de misionero, lleno de ese ímpetu y entusiasmo por el Evangelio:

“Hoy estamos aquí, podemos estar aquí, porque hubo muchos que se animaron a responder esta llamada, muchos que creyeron que «la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad» (Documento de Aparecida, 360). Somos hijos de la audacia misionera de tantos que prefirieron no encerrarse «en las estructuras que nos dan una falsa contención… en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta» (Evangelii gaudium, 49). Somos deudores de una tradición, de una cadena de testigos que han hecho posible que la Buena Nueva del Evangelio siga siendo generación tras generación Nueva y Buena.

Y hoy recordamos a uno de esos testigos que supo testimoniar en estas tierras la alegría del Evangelio, Fray Junípero Serra. Supo vivir lo que es «la Iglesia en salida», esta Iglesia que sabe salir e ir por los caminos, para compartir la ternura reconciliadora de Dios. Supo dejar su tierra, sus costumbres, se animó a abrir caminos, supo salir al encuentro de tantos aprendiendo a respetar sus costumbres y peculiaridades. Aprendió a gestar y a acompañar la vida de Dios en los rostros de los que iba encontrando haciéndolos sus hermanos. Junípero buscó defender la dignidad de la comunidad nativa, protegiéndola de cuantos la habían abusado. Abusos que hoy nos siguen provocando desagrado, especialmente por el dolor que causan en la vida de tantos.

Tuvo un lema que inspiró sus pasos y plasmó su vida: supo decir, pero sobre todo supo vivir diciendo: «siempre adelante». Esta fue la forma que Junípero encontró para vivir la alegría del Evangelio, para que no se le anestesiara el corazón. Fue siempre adelante, porque el Señor espera; siempre adelante, porque el hermano espera; siempre adelante, por todo lo que aún le quedaba por vivir; fue siempre adelante. Que, como él ayer, hoy nosotros podamos decir: «siempre adelante»”.


jueves, 7 de julio de 2016

Padre Christopher Hartley y su última Carta desde el Desierto

Queridos amigos de la misión.

Aquí tenéis noticias frescas desde las trincheras de la misión, con las que queremos daros las gracias por tanta bondad y generosidad como habéis derrochado en este último tiempo.

Navidad en Kalafo: Aunque han pasado ya unos cuantos meses desde que celebramos la Navidad, no puedo dejar de compartir con todos vosotros las maravillas que hizo en Buen Dios en nuestra pequeña misión.

Además de la Hermana Joachim Estefanía y Belén, vinieron a pasar la Navidad con nosotros esos días Claudia y Xiomara desde Nueva York. También nos acompañó Tesfae, un magnífico enfermero etíope católico colaborador de las Hermanas de la Madre Teresa.

Todos juntos y en los dos todoterrenos marchamos, cargados de medicinas, a Kalafo. Allí instalamos nuestro campamento y durante diez días -mañana y tarde- convertimos la escuela que, con la ayuda de todos vosotros, habíamos construido en el pueblito de Ma´aruf, en una clínica rural en toda regla. En total, fuero más de cuatrocientos pacientes los que recibieron atención médica. Hombres, mujeres y niños, aquejados de toda suerte de enfermedades, recibieron el cuidado y el amor de la Iglesia. Era nuestra manera de evangelizar sin palabras, nuestra manera de proclamar que también aquí el Verbo se había encarnado y nacido para nuestra salvación.

Todas las mañanas celebrábamos la Santa Misa después de más de una hora de adoración del Santísimo Sacramento desde las 5am. De igual manera, al concluir la jornada y cuando el sol tórrido de estos secarrales ya iba de caída, nos volvíamos a congregar junto a Jesús en su hermosura eucarística para dar gracias desde lo más hondo del alma por el honor y el privilegio que era para nosotros haber sido escogidos para ser sus testigos, hasta los confines de la tierra y proclamar que Cristo Vive y es el Señor.

Claudia y Belén atienden enfermos que vienen de lejos a nuestra clínica

Vivimos en condiciones muy pobres y precarias, apenas una colchoneta en el suelo y una mosquitera, la escasa agua de la ducha se asemejaba bastante a una taza de Colacao español y la comida, si bien abundante no dejaba de ser frugal. Sin embrago, daba completamente igual y es que lo que abundaba a raudales en esos días de Navidad africana fue sin duda la alegría de estar juntos, de compartir como hermanos y poder colaborar con Cristo y su bendita Iglesia en el anuncio del Evangelio; no tanto con sermones o discursos, cuanto con obras de amor; esos “signos de credibilidad” que Jesús proclamó a los discípulos de Juan: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio ( Lc 7:22).


Xiomara, dominicana de Nueva York, en “su salsa” misionera.

Aún conservo en la retina del corazón, las miradas, los rostros, la siluetas, de ese interminable dolor variopinto y multicolor. Asombraba su capacidad de aguante, su estoicismo ante el sufriente, la resignación serena…

El Santísimo Sacramento olvidado: Quien haya recorrido el camino de Gode a Kalafo sabe que cuando se llega finalmente al destino, no sabe uno de qué color era la ropa cuando salido de viaje y al bajarse del vehículo, de tanto bote y tanto bache, a uno le duele hasta el pelo.

Pues bien, no habíamos hecho más que llegar a Kalafo, estoy aún bajándome del coche (era el atardecer del 24 de diciembre), cuando veo que viene hacia mí la hermana, como rostro compungido y me dice: “me acabo de dar cuenta de que nos hemos olvidado en Gode cuatro cajas enormes de medicamentos, sin los cuales estos diez días de campamento médico no van a servir para nada. Pero hay algo peor, se nos olvidó consumir el Santísimo de nuestra capilla y no se puede dejar la Santa Eucaristía sola en esa casa…” Ahí, estaba yo, medio molido mirando a la hermana sin dar crédito…
Temprano al día siguiente, -25 de diciembre, día de Navidad- a las 6am, emprendía el viaje de vuelta a Gode nada más haber terminado la Santa Misa “de la aurora”, para recoger las medicinas de nuestras pobres gentes y proteger el Santísimo que es mi primera misión como sacerdote de Jesucristo.

A primera hora de la tarde, estaba ya de vuelta en Gode…

La Unción: Una mañana, mientras salíamos como todos los días hacía el poblado y nuestra pequeña clínica, cuando vimos de repente una carreta tirada por un borrico, que salía de una casucha de barro con una mujer escuálida, esquelética, envuelta en harapos… nos acercamos, nos bajamos del vehículo y preguntamos qué es lo que pasaba. Nos dijeron las gentes que allí miraban que era una mujer cristiana que estaba muriendo de SIDA y tuberculosis a quien el dueño del cuartucho echaba a la calle porque no había pagado la última mensualidad de su cuchitril.

Rápidamente buscamos al dueño de casa y pagamos la pequeña mensualidad adeudada y a la vuelta de una jornada más de trabajo, nos dedicamos en cuerpo y alma a atender a esta pobre mujer que estaba al cuidado de su hija adolescente.

La bañamos, le cambiamos la ropa, le administramos los medicamentos necesarios y tratamos de darle todo el cariño del mundo y el amor que durante toda su vida se le había negado.

Cuando ya anochecía, conseguí conectar una lámpara a la batería del coche y bajo la luz de las linternas, el enfermero y yo tratamos de ponerle una vía en sus fragilísimas arterias. Mientras, los demás, en la adoración a Jesucristo en su hermosura eucarística, daban gracias a Dios por un año más que llegaba a su ocaso; anochecía ese 31 de diciembre…

Pasaban los minutos y bajo la luz de las linternas tratábamos en vano de administrarle los medicamentos por vía intravenosa. No había manera de encontrar la vena y se nos acababan las pocas jeringuillas que teníamos a nuestra disposición.

Finalmente, opté por llamar a la hermana que estaba en la adoración para que viniera a ayudarnos y le pedí que además de más jeringuillas, me trajese el estuche con los Santos Oleos y que – puesto que no disponíamos de reserva de formas pequeñas-, abriera la pequeña custodia con la que adoraban en ese momento y partiera un pequeño fragmento y lo trajera en el porta-viático.

Jamás olvidaré la escena. Era de noche, la mujer postrada, jadeando sus últimas bocanadas de aire entre la vida y la muerte, sobre un mínimo jergón arropada con viejas telas por sábanas.

Mientras, los enfermeros se afanaban por atenderla aguzando la vista bajo la temblorosa luz de las candelas, otros orábamos con ella. ¡Imposible describir la emoción que sentimos todos al escucharla murmurar el “padrenuestro” en amhárico y otras sencillas oraciones! Cuando terminó de orar le explicamos que éramos cristianos, católicos y que, aunque habíamos orado por ella, si quería, podíamos mandar a llamar al sacerdote ortodoxo. Genet -así se llamaba esta mujer- nos miró a todos y nos dijo sencillamente: “No le llamen, que no venga, sólo vosotros os habéis apiadado de mí, me basta con vuestras oraciones”. Le pregunté a continuación que, si quería recibir los sacramentos de la Iglesia, a lo que respondió afirmativamente y se los administré.

Todos oramos con Genet, cantamos canciones y la encomendamos a la Santísima Virgen. Cuidada maravillosamente en cuerpo y alma, la dejamos descansar y regresamos al campamento, con el corazón henchido de gozo por tan inmerecida experiencia de la presencia de Jesucristo en esta bendita mujer. Pensaba en esa última noche del año que despedimos con la celebración de la Santa Misa a media noche, que son tan verdad las palabras de la Sagrada Escritura: “Tú coronas el año con tus bienes…” (Ps 65:11).

Gracias por tanta generosidad: Durante mi última visita a España, lanzamos un SOS pidiendo ayuda para la misión. En un abrir y cerrar de ojos, con una generosidad que me conmovió en lo más profundo, nos empezaron a llover cajas de medicinas, material escolar, ropa… ¡un poco más y casi no se podía entrar en casa!

Gracias de corazón a todos sin distinción, pero gracias especiales a mi familia, por todo cuanto ayudaron (sobrinos incluidos); gracias al P. Manuel Vargas que lo almacenó todo en su parroquia y gracias particulares al embajador español en Addis Ababa, Borja Montesino, por ayudarnos con el transporte. Todos hicisteis vuestra parte y por fin la mercancía ha ido llegando a la misión.

¡Ahora nos queda el trabajazo de clasificarlo todo, pero ¡bendito trabajo!

 “Lágrimas por la lluvia”. Refugiados por la sequía:

Desde hace muchos meses, Etiopía sufre una terrible sequía que, como consecuencia ha traído una de las más espantosas hambrunas que se recuerdan desde aquellas de 1984.

Una mañana de hace un par de meses, como todas las mañanas de mi vida en la misión, después del rato largo de rezos y oraciones en mi pequeña capilla, oigo llamar a la puerta de mi casucha con insistencia. No es aún hora de visitas y me alarmo. Algo inusual pasa. Me dice escuetamente y a trompicones un muchacho somalí: “le llama el alcalde”. A mí en nueve años jamás me ha llamado el alcalde y menos cuando apenas rompe aun el claroscuro de la alborada.

Me pide que le acompañe a una reunión y en seguida me doy cuenta por la cantidad de gente convocada y por discernir los rostros de los ancianos principales de la ciudad, que se trata de un asunto serio. Soy el único cristiano de una asamblea de más ciento cincuenta hombres y mujeres. Y allí delante de los próceres de la comunidad, con tono solemne se dirige a mí el alcalde: “Padre, sabemos que usted y la Iglesia Católica son los únicos que pueden ayudarnos en esta crisis. Gode se nos ha llenado esta noche de refugiados.

Sin pensarlo dos veces, me dirijo a las afueras de Gode por la carretera que viene de Goba atravesando Dibo y allí los encuentro. Todos se arremolinan alrededor de mi vehículo, son cientos de hombres, mujeres, ancianos y niños de todas las edades. Muchos de ellos exhiben los rasgos propios de la desnutrición y otras enfermedades concomitantes: debilidad de los músculos y fatiga, veo la tristeza en sus rostros, percibo las miradas huecas de los niños sin fuerzas siquiera para llorar, la piel amarillenta, vientres hinchados, el cabello muerto… Sobre todo, percibo el miedo, miedo en sus miradas, miedo en sus palabras… No saben dónde están, hablan el mismo somalí pero el lugar les es extraño. No saben que será de ellos. Tienen que recomenzar la vida en esos secarrales imposibles de arar.

Sin muchos rodeos elegimos los casos más graves y les invitamos a subir en el todoterreno de la misión rumbo a la pequeña clínica. Esta operación se repetirá cada mañana durante casi diez días. Están hambrientos, exhaustos, aterrorizados, son como animalitos asustados que ven peligros y amenazas en todas partes. No se les quita el susto del cuerpo, pensando que en cualquier momento aparecerán hordas de oromos…
Repartimos bidones de plástico de 20 litros para que puedan recoger el agua cuando lleguen los camiones-cisterna que hemos contratado. El ser humano puede llegar a acostumbrarse a vivir con casi nada, pero sin agua a más de 45ºC no puede vivir nadie, ni siquiera unas horas…

Me reúno a continuación con Kofi, director de la oficina del Fondo Mundial para la Alimentación (WFP, en inglés) de Gode y en pocas horas organizamos un enorme convoy de más de veintinueve toneladas métricas de alimentos: arroz, aceite, soja, harina, leche en polvo, maíz…

Por fin, conseguimos que la ONU repartiera alimentos a los refugiados

Y tres semanas más tarde, aseguradas las necesidades más básicas de agua, alimentos y medicinas, se me ocurre empezar a construir una escuelita. Al conversar con los niños, me doy cuenta que ni uno solo de esos chavales ha puesto jamás un pie en una escuela. Movilizamos nuestros escasos recursos y acompañado de Muktar y otros líderes comunitarios, nos ponemos manos a la obra.

Hace una semana, ciento setenta niños y algunos adultos comenzaron a dar sus primeros pasos en la alfabetización y conocimientos generales ¡cuánta alegría en las dos pequeñas aulas improvisadas de hojas de zinc y maderos toscos de la región! Escucho emocionado sus risas y todos -al unísono- van repitiendo las vocales a pleno pulmón. Luego, en el recreo, a campo abierto veo esos cientos de niños, que juegan y corretean… Me mira Muktar mientras yo sigo embelesado las correrías de los chiquillos tras una pelota de trapo y me dice en somalí: “Abba, mahadsantai” (Padre, muchas gracias).

¡Un gran día! Llegan los pupitres para nuestra escuelita del campamento de refugiados

Escuela recién inaugurada ¡Y ya se nos ha quedado pequeña con chicos sentados en el suelo!             Fijaos que los pupitres son para dos niños ¡y se sientan cuatro!

Y aunque Muktar, no lo sepa ni lo entienda jamás, me hace sentir que han valido la pena todos los sudores y fatigas sufridos en nombre de Cristo y su bendita Iglesia, para ver a estos chiquillos somalíes sonreír y alfabetizarse, haciéndose un poco más personas
Mientras, todos, musulmanes y cristianos, seguimos mirando al cielo suspirando clemencia por este miserable terruño que poco a poco se desangra… y me doy cuenta, mientras todos suspiramos mirando al cielo infinito deshidratado por el bendito “Niño”.

M encuentro con Amina, una pobre mujer joven somalí, a quien veo deambulando sin rumbo aparente en el improvisado campo de refugiados de Gode; la veo sucia y andrajosa, con el mismo vestido prácticamente adherido a la piel y le pregunto:

 “Amina ¿no tienes otra ropa?” Se queda mirando al vacío y como un susurro para sus adentros responde:

“No, el que tenía lo usé para enterrar a mi niño que murió cuando veníamos de camino…”

Y me doy cuenta que hoy a este pueblo sólo le quedan…

… lágrimas por la lluvia.

“¿A quién enviaré?” Los misioneros… que no llegan: Dentro de unos meses, hará diez años que vine a Gode por primera vez, ¡cómo pasa el tiempo en un vuelo! (me debo estar haciendo viejo) … En estos años, el Buen Dios nos ha enviado mucha gente, sobre todo jóvenes, que durante un tiempo más o menos breve nos han venido a ayudar con las ingentes e interminables tareas de la misión.

Y en este mismo tiempo hemos recibido las generosísimas ayudas de todos vosotros ¡madre mía, que habría sido de nosotros si a la cuenta de la Fundación no nos hubiesen llegado las aportaciones económicas de todos vosotros!

Sin embargo, con enorme pena comparto con todos vosotros nuestra mayor carencia y lo que de verdad necesitamos. Lo que de verdad llevamos esperando, lo que le hemos pedido tercamente al Buen Dios todos los días en nuestras pobres plegarias y que nunca reciben respuesta. Lo que más necesita esta misión, lo que de verdad necesita esta misión.

Una comunidad de religiosas.

Una comunidad de mujeres consagradas a Dios que, para toda la vida (Y no para unas semanas o meses de su vida, como las decenas de jóvenes que han venido a lo largo de estos años) vengan sin billete de vuelta a entregar la vida en la evangelización de este pueblo.

Os podría enviar copias de todas las cartas que el Obispo de Harar (nuestro Vicario Apostólico) y yo, hemos enviado a congregación de monjas tras congregación de monjas. Las respuestas que hemos recibido parecen copiadas del mismo manual: “no tenemos vocaciones…”; “somos una congregación demasiado joven y no estamos preparadas…”; “no es nuestro carisma…”; “la misión está en todas partes…”; “Si supiera usted lo mal que está la pobre España…”

La verdad llana y sencilla es que aquí no quiere venir nadie. Las razones, yo creo que son más bien excusas, a mí no me convencen y me parecen el mejor y más elocuente testimonio de lo pobre y decadente que está la vida religiosa en la Iglesia Católica en estos tiempos. Comunidades que se conforman pescan en pecera pececitos de colores que ya están pescados más que pescados hasta el aburrimiento, en vez de salir por los mares de este mundo a lanzar las redes en nombre de Nuestro Señor y su Santa Iglesia, allí donde nunca han llegado esos que son llamados a ser “pesadores de hombres” en tierras de misión.

Y mientras, al Papa Francisco le escuchamos lo que queremos y cuando queremos. En lo que nos gusta le hacemos caso y lo cacareamos por los medios de comunicación, pero cuando dice eso de “ir a las periferias”; eso de salir de nosotros mismos, de nuestro confort pastoral “autoreferencial” de ser “una Iglesia en salida…” maldito el caso que le hacemos al pobre papa.

Pero Dios sigue hablando hoy con el mismo poder de ayer y Él mismo pregunta a las religiosas de hoy:
“[…] Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?

¿Habrá alguna congregación religiosa que lea esta palabra de Dios como palabras dichas al corazón de su congregación y se deje mover, no por la prudencia humana, sino por el poder impetuoso del Espíritu Santo y responda con las palabras de Isaías:
Entonces respondí: Heme aquí; envíame a mí.” (Is 6:8)?

¿Cómo pueden las congregaciones religiosas permanecer indiferentes al grito de los misioneros? Comparto con vosotros estas impresionantes palabras que recientemente ha pronunciado el Papa Francisco:

[…]En muchos lugares, la evangelización comienza con la actividad educativa, a la que el trabajo misionero le dedica esfuerzo y tiempo, como el viñador misericordioso del Evangelio (cf. Lc 13.7-9; Jn 15,1), con la paciencia de esperar el fruto después de años de lenta formación; se forman así personas capaces de evangelizar y de llevar el Evangelio a los lugares más insospechados. La Iglesia puede ser definida «madre», también por los que llegarán un día a la fe en Cristo. Espero, pues, que el pueblo santo de Dios realice el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a que los pueblos que todavía no conocen al Señor lo encuentren y lo amen. En efecto, la fe es un don de Dios y no fruto del proselitismo; crece gracias a la fe y a la caridad de los evangelizadores que son testigos de Cristo. A los discípulos de Jesús, cuando van por los caminos del mundo, se les pide ese amor que no mide, sino que tiende más bien a tratar a todos con la misma medida del Señor; anunciamos el don más hermoso y más grande que él nos ha dado: su vida y su amor.

Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos. Esto es más necesario todavía si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz. El mandato del Evangelio: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20) no está agotado, es más, nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva «salida» misionera, como he señalado también en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium: «Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (20). Mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2016

Si alguien lee esta carta y se siente movido a renviarla a alguna comunidad religiosa que viva fielmente lo que la Iglesia enseña sobre la vida religiosa, por favor hacedlo en nombre de estas gentes de la región somalí de Etiopía.

La falta de celo misionero y el generalizado aburguesamiento eclesial en el que viven tantas Iglesias nuestras de vieja cristiandad, no es algo nuevo; eso mismo indignaba al gran san Francisco Javier respecto de las gentes de su tiempo. Si mis expresiones de arriba pudieran parecer duras en exceso, yo la verdad no veo que difieran mucho de las de este famoso párrafo de una carta de San Francisco Javier escrita desde la India en 1542, a su padre San Ignacio de Loyola:

Muchos cristianos se dejan de hacer, en estas partes, por no haber personas que en tan pías y santas cosas se ocupen. Muchas veces me mueven pensamientos de ir a los estudios de esas partes, dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la universidad de París, diciendo en Sorbona a los que tienen más letras que voluntad, para disponerse a fructificar con ellas: "¡Cuántas ánimas dejan de ir a la gloria y van al infierno por la negligencia de ellos!"
Y así como van estudiando en letras, si estudiasen en la cuenta que Dios, nuestro Señor, les demandará de ellas, y del talento que les tiene dado, muchos de ellos se moverían, tomando medios y ejercicios espirituales para conocer y sentir dentro de sus ánimas la voluntad divina, conformándose más con ella que con sus propias afecciones, diciendo: "Aquí estoy, Señor, ¿qué debo hacer? Envíame adonde quieras; y, si conviene, aun a los indios."

La Iglesia se va muriendo porque no hay quien avente las ascuas del fuego de Espíritu en los consagrados, que, dejando sus comodidades, quieran responder a la llamada a ir a jugarse la vida en lugares peligrosos por Cristo y el Evangelio.

Pienso en las cuentas que darán a Dios muchos obispos que tercamente impiden u obstaculizan que sus sacerdotes se ofrezcan para marchar a tierras de misión. ¿Qué han hecho tantos obispos del mandato del Papa Pio XII con el que urgía en 1950 a los obispos españoles a dar el 10% de lo mejor de su clero para las misiones? No entiendo como algunos obispos no caen en la cuenta que tener sacerdotes de su diócesis en misiones, es un honor y una riqueza.

Pienso en tantos sacerdotes y seminaristas diocesanos que ni siquiera se plantean la posibilidad de la vocación misionera y, sin embargo, andan preocupadísimos por la pulcritud de sus roquetes de ganchillo, los bordados de sus casullas de guitarra o alguna norma puntillosa e irrelevante de la liturgia latina.

Mientras, masas ingentes de humanidad viven en las tinieblas de la ignorancia más espantosa, que no es la de no saber leer y escribir, sino la de no conocer a Jesucristo; no haber recibido la proclamación del Evangelio de la gracia, o tener quien les celebre los sacramentos.



Este cuadro no está vacío porque se me haya olvidado poner la foto.
Está vacío porque no hay foto que poner. Cuando lleguen las monjas a la misión, aquí pondremos su foto.



Doy gracias con toda mi alma por mi Archidiócesis de Toledo, y a ella rindo homenaje en esta carta, por su celo misionero, por todo cuanto nos ayudan a quienes ya estamos desde hace tantos años en tierras de misión. Siempre llevaré gravado en lo hondo del corazón las palabras que tantas veces le oí bramar al gran Arzobispo de Toledo, Don Marcelo González Martín, con fuego en la voz y en la mirada: “me tengo prohibido pensar sólo en mi Diócesis, (cuando Toledo apenas resurgía de entre los escombros), recordad que no os ordenáis sólo para la Diócesis, sino para la Iglesia Universal”.

Dice san Pablo: “¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!” y yo me atrevo respetuosamente a parafrasear: “¡Ay de la Iglesia si no anuncia el Evangelio!”

¿Pero, cómo va a anunciar la Iglesia en estas tierras somalíes el Evangelio si no hay sacerdotes ni religiosas que quieran jugárselo todo y estar dispuestos a perder la vida por el Reino entre estas pobres gentes?

Ante el Sagrario de la misión por todos oramos y con Nuestra Señora Reina de la Misiones pedimos que a todos nos acoja bajo su bendito manto.

Os bendigo a todos.
Padre Christopher

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Titular: Fundación Misión de la Misericordia

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miércoles, 29 de junio de 2016

Curso de Evangelización Misionera 2016/2017


El Curso de Evangelización Misionera, de la Cátedra de Misionología de la Universidad San Dámaso, sirve promover la formación de aquellos agentes de pastoral que están interesados en la acción evangelizadora de la Iglesia, participan de grupos de animación misionera o tienen intención de realizar alguna experiencia de misión.

El Curso de Evangelización Misionera permite la obtención de créditos de Licenciatura o cursos de Doctorado en la Facultad de Teología de San Dámaso. Asimismo, la Facultad expedirá un Diploma en Misionología a quienes realicen el curso y cumplan los demás requisitos establecidos al efecto, a la vez que certifica el valor académico de este curso de 140 horas lectivas.

Los objetivos de este curso son: Promover la formación de aquellos agentes de pastoral que, de un modo u otro, están interesados en la acción evangelizadora de la Iglesia, participan en grupos de animación misionera o tienen intención de realizar alguna experiencia de misión; Estudiar las diversas cuestiones que afectan a la actividad misionera de la Iglesia; Así contribuye a la sensibilización misionera de la comunidad eclesial desde la misión propia de una Facultad de Teología.    

Los destinatarios de estos curso son las personas integradas en la pastoral misionera de parroquias asociaciones o grupos, personas con inquietudes misioneras, así como jóvenes y adultos con deseos de participar en una experiencia de misión.

El plazo de preinscripción para nuevos alumnos es del 15 de junio al 17 de julio. La matrícula deberá formalizarse en la Secretaria de alumnos de la Facultad de Teología de San Dámaso del 18 al 31 de julio y del 1 al 25 de septiembre.

Toda la información sobre este curso en:


Programa del curso en: